Por Ligia Bonetti: Presidente Ejecutiva Grupo SID
Liderar no es solo dirigir procesos o alcanzar resultados; es, sobre todo, una forma de estar en el mundo. Esa manera de mirar, decidir y relacionarnos se construye en silencio, a lo largo del tiempo, con hábitos que muchas veces no se ven, pero que dejan huella. La lectura es uno de ellos.
Leer nos forma de manera silente y sutil. Sin darnos cuenta, fortalece dos cualidades esenciales en cualquier líder: la paciencia y la tolerancia. En un entorno que premia la inmediatez, sentarse a leer implica aceptar otro ritmo, detenerse, escuchar y esperar. No hay atajos. Un libro no se acelera; se acompaña.
Leer al ritmo de un escritor es, para cualquiera, un desafío. Exige atención, humildad y disposición a ceder el control. Es precisamente ahí donde ocurre uno de los aprendizajes más valiosos: aprender a avanzar sin imponer el paso propio, a comprender antes de juzgar, a sostener la espera sin ansiedad. Esa práctica, repetida con el tiempo, se traduce en un liderazgo más sereno y reflexivo.
La lectura también nos entrena para convivir con ideas distintas, con finales abiertos y con preguntas sin respuestas inmediatas. Nos enseña a tolerar la complejidad, a aceptar que no todo se resuelve rápido ni de forma lineal. En ese ejercicio silencioso se fortalece el criterio y se afina la capacidad de tomar decisiones con mayor equilibrio.
En Grupo SID creemos en el aprendizaje continuo como parte esencial del crecimiento sostenible. Promover la lectura no es un gesto accesorio, sino una forma coherente de cultivar líderes con profundidad, capaces de escuchar, comprender y actuar con responsabilidad. Crecer como organización implica, necesariamente, crecer como personas.
Un Club de Lectura es un espacio donde ese aprendizaje individual se vuelve colectivo. Las conversaciones que nacen de un libro amplían la mirada, enriquecen el diálogo y fortalecen vínculos. Desde la calma de la lectura surgen ideas más claras, preguntas más honestas y decisiones mejor pensadas.
Leer no transforma de forma ruidosa. Lo hace con constancia, con tiempo y con sentido. Y en esa transformación silenciosa se construyen líderes más conscientes, más humanos y mejor preparados para crear valor y bienestar cada día.
